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Comunicación Cuento

Esperanza de vida: una explicación de mi trabajo

A veces la gente me pregunta “¿En qué trabajas?”. Sabiendo lo que viene, les contesto “Soy profe en la U”, sin entrar en mucho detalle. La pregunta obvia que el incauto personaje puede hacer es “¿Pero qué haces en concreto?”.

Pucha, en definitiva lo que paga las cuentas es mi trabajo con números o, más preciso, con estadística. Es un secreto a voces, pero si no se han enterado, les cuento que la estadística usa un lenguaje altamente poético.

En vez de decir que produzco promedios digo valores esperados o, aún mejor, hablo de estimar esperanzas. Y tengo bondades de ajuste y al final del día pruebo Kolmogorov–Smirnov, que suena como a marca de vodka, pero no se bebe. Evalúo verosimilitudes y las multiplico por mis creencias, para acotar nuevas Esperanzas, lo que suena Bayesiano y Cortaziano al mismo tiempo. 

También dibujo harto, pero con código en vez de con lápiz y papel, para producir un puntillismo detallado, lineas del nazca medio borrachas o jorobas de camellos y dromedarios. Desde el punto de vista verbal, mi mayor herramienta son los insultos abundantes contra el computador, por su incapacidad de entender mis instrucciones imprecisas.

¿Ven? Mejor se hubieran quedado con que trabajo de profe.

P.S. Esto es parte una serie de relatos en cuarentena.

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Cuento

Flotilla

Un día de otoño tibio y despejado no se desperdicia a los 43 grados latitud sur—porque pasan tarde, mal y nunca—así que estábamos trabajando en el jardín.

—¡Toma! —gritó lanzando algo en una curva amplia.
—Pero… —dije estirando el brazo automáticamente para agarrar el objeto: ¡malditos reflejos!

Era duro y suave como piedra por un lado, frío y ligeramente húmedo por el otro. Un caracol, criaturas perversas con las que tengo una relación de amor-odio. Por un lado, los traidores comen las plantas, saboteando el trabajo del todo el año. Por el otro, ¿han visto una familia de caracoles en la lluvia?

La vereda cubierta con una película húmeda y resplandeciente, quebrada por las figuras de una familia de caracoles como flotilla explorando un nuevo mundo. Una nao capitana guiando decenas de nuevos caracoles.

No tuve el corazón para eliminar el caracol, que vivió para contar historias otro día más.

PS: De mi serie Minirelatos de cuarentena.

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Ambiente Lenguaje

Vivir en la pandemia

Visitarnos, saludarnos y abrazarnos era cosa común desde siglos. Han cambiado modos e intenciones con el tiempo pero siempre el poder conversar y decir que existíamos en el lenguaje fue nuestro objetivo.

Ahora, desde que la palabra pandemia se volvió experiencia práctica y llevó de súbito nuestros libres movimientos a un encierro perpetuo, tememos al vecino, al aire, al ruido y a al vacío que hay afuera.

Fuimos obligados a cambiar nuestros modales de verbena en fiesta perpetua por modales de astronautas que orbitan a velocidades increíbles alrededor de un viejo cuerpo celeste.

Normas de higiene y horarios estrictos nos hacen recordar la debilidad de una especie que, avalada por la globalidad de sus movimientos, ya se pensaba todo poderosa.

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Comunicación Cuento

Epistolario de perros

Newton, mi quiltro picante y peleador, me cuenta que los perros tienen dos vejigas: la de interior y la de paseo.

La de interior, también llamada “de caballero”, es de poca monta y sirve para pasar la noche sin salir al patio-baño. La de paseo es tremenda, y ocupa un cuarto del volumen del perro. Permite escribir el abecedario completo en postes y árboles, componer epístolas de amor y refutar (en varios volúmenes) teologías caninas que han producido un cisma o dos.

Por eso cuando volvemos de un paseo—parte del contrato que incluye 10.000 pasos diarios—Newton consume cantidades descomunales de agua. Hay que reponer el tintero, para prepararse para mañana, que viene con más cartas, discusiones y recitadas de abecedario con emojis y todo.

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Chile Miradas

Cuentan los antiguos

Cuentan los antiguos que cuando los volcanes amenazaban con lava, los terremotos quebraban huesos o los incendios consumían bosques enteros había que hacer un sacrificio. Un pequeño animal, una comida especial o un cántico rítmico apaciguaban a los dioses. El fuego retrocedía, el volcán ladraba pero no mordía y la madre tierra se relajaba con uno que otro estertor hasta alcanzar calma completa.

Pero ya no tenemos a los antiguos y los dioses modernos son de plástico con un microchip que abre las puertas a los templos del comercio. No basta una canción o un plato especial; es hora de subir la apuesta y sacrificar humanos.

(En general de los más baratos parece ser una buena idea. De cota baja, ciudadanos de a pie y buenos para el fanshop y el completo)

Cuando en el futuro hablen de los antiguos se van a referir a nosotros, preguntándose por qué transamos vidas por tarjetas de plástico.

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Lenguaje

Estoy lejos del mar

Sábado, 4 de Marzo 9:40 hrs. Vamos caminando por un sendero que nos lleva hacia antiguos bosques que han sobrevivido el efecto invernadero y las olas de un mar de calor que nos llegó de repente.

Estamos lejos del mar, de su humedad y de sus movimientos que mueven nuestros corazones como las madres mecen a sus hijos en el profundo crepúsculo que precede a la noche.

Es de sabios decir que llegaremos pronto a esos bosques donde seguro se abrirá un paisaje que nos permitirá descansar y reponernos de estos seis meses donde el recorrido ha sido duro.

Pero estamos lejos del mar, de su ruido iterminable que con su golpe marca una orilla indefinible que separa para siempre los infinitos mundos del agua, el aire y la valdía tierra.

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Lenguaje

¿Y si buscamos el agua al sur?

Santiago, 1 de Febrero 10:30 am. La paradoja de cambio asociada a una sequía implacable que cubre los campos convirtiendo el verde de las fotosíntesis en baldosas de arcilla ya es nuestra realidad.

Hemos tomado nuestras maletas cargadas de hechos concretos yy fundamentales para huir de un calor que sobrepasa en tiempo y espacio hasta los más adaptados filos de la materia.

Sabiamos que si viajabamos al sur encontrariamos el agua en formato de lluvia que ya casi habíamos olvidado. Nuestro deseo no es más que sentir la humedad en nuestras caras y manos ya partidas por el norte.

La promesa fue cumplida y bajo esa lluvia al sur volvimos en parte a la vida. Esa ya perdida por tanto evento que desarma hasta los preceptos más profundos cconcebidos por la historia de estas calles.

Ahora estoy en la puerta, mirando a los míos que sonrien y sueñan juegos de invierno. Invierno que no llegará a nuestras casas si se cumplen las profecias de los científicos lunáticos de siempre.

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Lenguaje Miradas

Encuentro en Venecia

Sábado 22 de Febrero 13:20 hrs. Si estuviésemos en otro planeta a 11.000 años luz del nuestro, esta sería la imagen que más les llamaría la atención a magos y astrónomos de esas lejanas tierras. Nuestro encuentro en Venecia. Como paradoja de la luz y de la vida que se construye a pulso de emosiones.

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Chile Miradas

En el fondo de tus ojos

Martes 26 de Noviembre 17:30 pm. Ya no están los tiempos para ocultarte aquella verdad inesperada que nos llegó de súbito como flash de una fotografía digital no deseada.

La luz que se consume en el fondo de tus ojos formando las imágenes cotidianas que construyeron tu infancia y te enseñaron a reconocer plantas, aves y paisajes ya no llegará más.

Dicen que fue un error estar ahí ya que la muchedumbre, con sus gritos de revancha y equipos de defensa, al igual que juegos de niños en día de lluvia invernal, confundía hasta los signos zodiacales.

Pero algo es claro hoy entre copas de árboles primaverales que cambian de color y forma como lo hace hoy el ánimo extenso de los individuos en las calles de la ciudad .

Sueños violentos seguirán visitando nuestra memorias y ahora, para poder mirar el paisaje, tendremos que exhumar nuestros recuerdos ignorando por siempre la luz en el fondo de tus ojos que no volverá.

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Ambiente Chile

De cajón

Nos concentramos tanto en la urbe, ese laberinto de concreto con millones de vehículos titilando como insectos, que se nos olvida lo que está detrás del cerro. Por eso subo y bajo laderas, con plantas de hojas de cuero o espinas, cuidando cada gota de agua: se les va la vida en eso.

Algún vivo de cuello y corbata tuvo la idea brillante de transar el agua “a terceros”, jugada maestra, total sucedía más allá del cerro. Camiones, glaciares, relaves y el agua se hizo poca y turbia, por allá en el cajón del río.

¿Por qué preocuparse del planeta cuándo la política colapsa? Suena raro, pero incluso cuando buscábamos perdidos y encontrábamos hornos de cal, así de peluda nuestra existencia, Nicanor nos llamaba ‘a defender los últimos cisnes de cuello negro’.

Tuvimos ecopoemas y econstitución. Cuarenta años más tarde, de cajón, todavía necesitamos a Nicanor.

* Nicanor Parra nos dejó dos años atrás. Con tanta lesera, puchas que nos están radicalizando.