Publicado por Luis el 19 - 07 - 2007 a las 10:02 am

En defensa del idioma

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Cada cierto tiempo, de manera irregular pero cierta, surge un defensor del idioma. Con voz inflamada comienza un discurso acerca de la decadencia cultural y la invasión anglosajona. El idioma — nuestro mayor patrimonio cultural — se llena de anglicismos. Horror de horrores y en una batalla descomunal ordena usar jobi, wikén, balonpié y mentalería, reemplazando por decreto hobby, weekend, football y software. El defensor descansa satisfecho habiendo salvado la pureza idiomática. Recuerdo haber visto defensores del español y del francés, compartiendo la cruzada indignados. Existe una visión estática del universo: es una foto, no una película; es un estado, no hay procesos.

A través de mi computador tengo acceso a la versión electrónica del Oxford English Dictionary, que contiene la definición, etimología y lexicografía de alrededor de 700.000 palabras (una de las ventajas de trabajar para una universidad). Cada trimestre es actualizado con 2.500 palabras nuevas o con definiciones alteradas, tratando de reflejar un mundo dinámico, en que el inglés está evolucionando cada vez a mayor velocidad. Es una visión en que no hay problema con usar entrepreneur (francés), veranda (hindú), sombrero o mosquito. Las proporciones de etimologías muestran orígenes claramente diversos. Es un mundo en que el sitio web (horror) de la casa blanca, también está disponible en español. Es un mundo en que se entiende que una transformación en idioma global implica aceptar la incorporación de vocablos globales. Es una visión dinámica.

No es mi intención hacer una apología del inglés, pero señalar algo obvio. Si queremos mantener o incrementar la popularidad del español hay que aceptar, mejor, bienvenir la corrupción del idioma, al menos en términos de vocabulario. Es un símbolo de vitalidad, aunque le duela a los defensores.

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