Publicado por Marcelo el 03 - 03 - 2008 a las 1:15 pm

La revolución hacia una muerte térmica (suma de algo de ficción y realidad)

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Este es un pequeño aporte a los post anteriores.

Hace algunos años creía en la revolución de las ideas: un supralenguaje que simplificaba la comunicación entre los seres basado en la interacción de la poesía y las matemáticas.

En los 90 viviamos tiempos complicados. Las ideas que se discutian en esa época en la universidad me parecen a ratos estupidas y el solo hecho de llegar a un acuerdo basado en equilibrios políticos lo detestabamos y lo detesto. En esos momentos fuimos intransigentes y dábamos energía a nuestro entorno al oponernos a cualquier acuerdo, al amenazar con tomarnos el poder para cambiar el orbe establecido.

Era el arte de destruir lo que se quería construir fácil, barato y sobre todo conveniente solo a pocos. En el entorno, todos querían ser presidentes o al menos secretarios de algo. Era el júbilo pintar las pocas paredes de nuestras oficinas con sus insignias y sus nombres para decir que se había hecho algo, que se era revolucionario.

Presidentes, secretarios, urnas eran idea también estúpidas cuando se llevaban al extremo. Nosotros nos oponiamos proponiendo volver al pasado, a las monarquías del renacimiento, al duro látigo de un rey mecenas, de una biblioteca de Alejandría. Todos nos odiaban por que no queríamos ser ni presidentes ni secretarios.

Yo dije en algún momento: yo participaré del juego -si y solo si- soy el jefe y dicto la nueva doctrina: poesía + matemáticas. Nunca me llamaron por que les dio miedo mis ideas.

Jugábamos a enviarle regalos al presidente de turno: simples problemas de ecuaciones diferenciales y complejos acertijos de astronomía eran nuestros preferidos. Les dolía el alma su ignorancia.

Pero todo se volvió estable, incluso nosotros nos volvimos fríos. Ya la entropía se puso a cero y caímos en la muerte térmica. La economía de mercado térmica. La libertad térmica mal entendida, el ser todos homogéneos y estables térmicamente igual a cero invadió el nuevo orbe.

Desde mi torre de estabilidad térmica he comenzado otra revolución interna. Hoy borré casi todo mi disco duro eliminado archivos y programas perfectos y estables. Le dije adios al dios (Dios) de la informática ya que me tiene cansado que me estén trensando mis ciber genitales en mi cara.

Contra la orden de mis superiores intentaré GNU. No se nada y eso me gusta. Puede que me demore algunos días en volver a ser estable. Es un intento de llevar la contraria y de buscar nuevas obsesiones:

Solo por la heterogeneidad de las ideas y la posibilidad de reconstruirse en alguna futura revolución

Solo por evitar una intoxicación mayor al recibir todos los días el pan masticado y lleno de saliva sobre la mesa.

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