Publicado por Luis el 03 - 03 - 2008 a las 10:57 am
Pecados capitales: política
Desde los nueve años soy parte de la diáspora. Mi pertenencia a la misma empieza con la política de los años setenta, de la cual tengo escasas memorias, excepto por estar haciedo fila para comprar a los cinco, los helicópteros volando bajo sobre Ñuñoa y uno que otro muerto en el río Mapocho a los seis. Por supuesto yo no tenía pito que tocar, pero los niños generalmente no participan voluntariamente en estas situaciones. Quizás Schwenke y Nilo lo dijeron mejor:
Toda una vida humana no alcanza para curar las heridas de la infancia.
Otras memorias se relacionan con la ingenuidad de algunos exiliados: va a caer pronto, así que para qué comprar muebles. Y las repisas de ladrillo y tabla son comunes y un mundo lleno de ‘tíos’ postizos, porque los familiares no abundaban. La memoria es extraña y recuerdo a Volodia (sí, ese mismo) cabalgando las ondas de Radio Moscú: Escucha Chile. Y va a caer — pronto — soñaba desde el exilio.
Hice lo que hice: música tristona, Quilapayún en Argentina, incluso con autógrafo del Tio Willy, ese mismo que terminaría años después asesinado en oscuras circumstancias por un travesti. Nunca pude tolerar puños en alto y otras actividades coordinadas: demasiado individualista para las circumstancias. Estaba indignado cuando leí de los punks chilenos en ‘La bicicleta’ (la de Super Cifuentes, 1983): ¡qué falta de compromiso, cómo pueden perder el tiempo así! Ahora los entiendo perfectamente y creo que hubiera andado en las mismas con mi entendimiento actual. Mentira: hubiera hecho algo más productivo.
De vuelta en Chile, pero sin calzar completamente. La diáspora que me agarraba desde ‘el fondo de lo más profundo de mi corazón’ (como escribiría Carlos Cabezas).
Universidad, paro, arrancando de los pacos (muerto de susto), participando en política, repartiendo panfletos. Hermana de un conocido asesinada (Operación Albania), conocido torturado. Un cambio grande fue cuando le dispararon a la Pachi, vuelta a clases, semestre comprimido. Estrés tremendo, compañeros de curso no pasando los exámenes. Con Paul pasamos a la etapa post-política: creando desconcierto, discutiendo en los foros por llevar la contraria: iba a haber consenso y tomábamos una posición extrema.
Saltamos a 1988 y la alegría ya viene, y nos inscribimos, votamos que no, votamos de nuevo y hubo un cambio gigante. No, en realidad no. Los milicos dieron un paso atrás, pero extrañamente la misma gente (con otros nombres) seguía manejando la política. La misma exclusión, los mismos arreglos, las mismas dinastías.
Años después abracé posiciones cada vez más libertarias. Este proceso fue catalizado al reconocer dos ideas importantes:
- Los enemigos de tus enemigos no son necesariamente tus amigos. Simple, pero el que alguien opusiera una dictadura no significaba que tuviera mis ideas.
- El fin no justifica los medios, particularmente cuando incluso el fin es de dudosa procedencia. La idea de forzar igualdad desde un punto de vista económico, cuando variabilidad grita su presencia desde todas partes.
El centro de mis ideas lo ocupa la libertad: libertad económica sin libertad política no tiene mucho sentido, y viceversa. En general los partidos políticos siguen la idea de no regular lo que no les interesa: la derecha la economía y la izquierda las relaciones personales. Mi énfasis es en desregular todo. Apoyo libertad económica y matrimonio homosexual. Apoyo libre comercio y el movimiento de personas a través de las fronteras. Apoyo tu derecho a decir lo que quieras, siempre que no inflictas daño a terceros o que limites sus derechos. Apoyo el arte de gobernar que incremente las libertades y deploro el arte menor de cálculos electorales.
Treinta y dos años después todavía en la diáspora.
1 Comment
March 4th, 2008 at 9:48 am
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