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Primavera de 1968, 22:37 hrs.

Porque andar eléctrico por las calles si todo huele a futuro explendor por mi barrio?

Si, huele a duda, a como serán las cosas, las macroeconomías, las economías de escalas, los acuerdos entre paises que más que acuerdos son formas eclípticas de aceptar el sometimiento global, local y personal.

Porque nadie a mi edad dice a viva voz: “Prohibido prohibir“, “Si a los derechos humanos en China”, “No al racismo en europa” o “Si a la igualdad de educación en Chile” o donde quiera que estén estas causas?. Muy simple. Hemos firmado acuerdos que dentro de los acuerdos se ha indicado que las bocas y los ojos deben permanecer cerrados para que aumenten nuestros ingresos en promedio “per-cabeza”. El promedio es una tácticas hacia los ignorantes, ya que más que normales nuestras estadísticas huelen a curvas tipo chi-cuadrado.

Pero mi sillón con Ipod incluido es cómodo y mi terraza tiene un lindo pasto antes de llegar a la piscina. Nada de extraño, soy uno de esos que pudo estudiar y que por pura inconciencia y curiosidad de la vida siguió estudiando y estudiará hasta el día en que decida hacer otra cosa distinta. Nada en mi funciona por conveniencia, sólo por el principio de entretención: si estoy entretenido lo hago, y si me aburre rápido lo dejo. 

Hacer otra cosa diferente a un “status planis” puede ser peligroso. Ayudar a una causa como la de China o la de las ballenas puede ser peligroso. Tirar pintura roja en las embajadas de los paises que nos hacen el racismo puede ser más peligroso aún. También puede ser peligroso tener seguidores a ideas revolucionarias ya que seguro hipotecaría mi domingo de diario arlequín.

Debo decir que he hecho algunos esfuerzos por convocar  a mis conocidos en causa que considero justas, pero debo decir que mi fracaso también ha sido muy grande. La razón es simple y está en el hecho de que los de mi edad tienen  más pasado que futuro, más ganas de disfrutar lo que se ha obtenido (igual que yo). Todos hemos firmado los acuerdos internacionales y estamos todos de acuerdos en que “no nos embromen la cachimba” con cosas que pueden hacer cambiar el pasto entre la terraza y la linda piscina.

Me acuerdo de una película “Britannia Hospital” donde la reina muy sabia, para desarmar una huelga general de hospitales, en forma secreta ofrecia títulos reales a los máximos dirigentes sindicales. Debo reconocer, sin mucha verguenza (aceptando los dichos de mi gran amigo Apiolaza), que de alguna manera, me acepto así y sigo tocando la guitarra con ideales desde la terraza.

Sobre mis causas perdidas, ahora encuentro más eco entre mis estudiantes que entre mis amigos ex-revolucionarios. Esa responsabilidad me asusta pero me mantiene aún más vivo.

Que viva la vida y que siga esta fiesta gitana hasta cuando dure!

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