Publicado por Marcelo el 26 - 08 - 2008 a las 1:59 am

Domingo 24 a 27.000 km de Beijing

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Domingo en la mañana, 8:30 am. Suena el teléfono y se oye fuerte después de haberme acostado a las 1:30 am.

Es mi padre. Entusiasta como siempre me habla sobre el cierre de los jugos Olimpico. Con un silencioso orgullo interior me digo a mi mismo: yo no veo esas cosas.

De todas formas y como siempre, la televisión se enciende. Entre discurso y cantos de despedida aparece en la pantalla la torre del recuerdo o de la memoria. Una babel, una Pizza una zone zero en New York, no se, pero llama mi atención.

Veo las imágenes y algo me conmueve. Son esos cientos de seres humanos de actitud de hormiga y sus figuras fantasticas sobre la torre las que me conmueven. Todos estábamos ahí colgando como del planeta!

Me parece que en China se saben a hormigas y se saben a multitudes, lo cual los hace menos presuntuosos que nonotros.

Esa visión de si mismos a máquina de hormigas solo la puede tener un país a 1.300 millones de habitantes. Si, 1.300 millones de personas que viven, crecen se relacionan y luego mueren como el flujo que se representaba en esa gran torre del recuerdo o de la memoria. Todos diferentes, pero a la ves (a la fuerza o sin fuerza) todos en un solo país a paisajes increibles.

En un país como el mío o el nuestro, a solo 16 millones de cabezas andinas, las visiones son otras y solo pueden ser otras. Un estadio lleno, pero lleno de nuestras individualidades de elefante.

Nuetra torre de la memoria está hecha mirando siempre a otros continentes, siempre como público que mira a menos a sus vecinos. Las visiones cosmológicas que nos dominana no nacen en mi tierras o en mi perspectiva de cielo (como podría ser), sino que son adaptaciones de otras visiones traidas de otras realidades de otras cielos diferentes.

Domingo en la tarde, 16:30 hrs. Estamos en el parque forestal de Santiago, en las puertas del museo de Bellas Artes. Al frente, el parque y jardines, los edificios neoclásicos franceses, la plaza del Mulato Gil con una extraordinaria exposición de Roberto Matta, los cafés Árabes de la calle Merced y el Café Abarzúa donde se puede terminar la tarde tomando once en un pequeño living a música techno (constancia de que fuimos en familia!).

Sobre toda estas visiones urbana mucha gente y gente que se veía contenta de vivir en este espacio planeta, en este ángulo de horizonte que suena a crater volcánico.

Hoy domingo 19:30 hrs, como todos los domingos, las entradas a los museos fueron gratis y estuvieron otra vez llenos de gentes de otros barrios.

Me da mucha alegría sentir, que más haya de lo que pueda yo pensar, es posible construir una torre de la memoria con mis hijos, mis amigos y miles de personas de mi pequeña sociedad hubicada a 27.000 km hacia cualquier parte de la torre de Beinjing.

Mi torre es análoga y está configurada por las miles de personas que aquí en Santiago y otros paisajes de este valle pasan un domingo contentos mirando los museos y recordando que alguna vez hubo un principio apegado a nuestra piel y que en si valen una torre de la buena memoria.

Tarea para la casa: descubrir tu torre de la memoria en rincones de Santiago, Lima, La Paz, Buenos Aires, Rio, en formato análogo y a energía de pedales.

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