De parranda y el loop eterno

En un milisegundo más:

Hyper-tenso.

Hyper cansado.

Hyper-enarbolado.

Hyper-enajenado.

Hyper-descuidado.

Viejo a medio camino.

A un cuarto de camino.

A un octavo de camino.

Al final del camino.

Se te acabó el camino.

Hyper-al final.

Hyper-espacio-temporal.
Es difícil descubrir el ritmo natural de los acontecimientos, internist
pero hay momentos de extrema lucidez en que el azar no existe, buy sólo hay causalidades que se arrastran por años. Se denomina sincronía al hecho de cruzar un puente en Valdivia, mientras un pelícano pasa planeando a ras del agua, totalmente extendido de alas configurando una composición perfecta. El suceso pasa a ser plus-sincrónico si la composición se repite en Taipei, con una golondrina y un campesino chino lejos de su amada.

It is hard to stop

Estamos frente a una hipersincronía si se añade la caída en espiral de una hoja, con una gota de humedad que estalla en el piso y numerosas, quizás ilimitadas, coincidencias (sincronías) repetidas en forma idéntica o imagen especular, en la ribera de ambos ríos cruzados por sendos puentes.

Un suceso es asincrónico si es único, irrepetibleprescription
mi mundo circunnavega océanos de números, imágenes espectrales, ultrasonidos, componentes de varianza varios, mirando a los árboles de manera multivariada. Llega un momento en que tanto número y abstracción requiere una pausa, un vínculo (aunque sea tenue) a la motivación original.

La magia de los árboles es una de las pocas constantes en mi memoria y genera ese vínculo primordial. Recuerdo un bosque de raulíes grandes, formando una catedral acogedora—de esas sin pederastas y pedófilos—con columnas que podrían sostener un universo paralelo. En serio, así de grandes eran los árboles y el bosque se extendía hasta donde alcanzaba mi mirada de veinte años atrás.

Esos bosques, por motivos meramente técnicos, tienen que estar al sur, siempre un poco más allá de nuestro alcance. Si los tocamos se mueven más allá. Y así de a poco llegamos a cuarenta y tres y medio latitud sur y los malditos árboles se ríen, con más ganas que de costumbre, y pasan a estar a cuarenta y cuatro latitud sur. Los árboles hablan con susurros y me preguntan “¿nos entiendes mejor?” y les contesto agotado “entiendo mejor algunas partes pero tengo más preguntas que al comienzo”. Con un ataque de risa los árboles me recuerdan la frase de John Archibald Wheeler:

Vivimos en una isla rodeados por un mar de ignorancia. Cuando nuestra isla de conocimiento crece, así también lo hace nuestra costa de ignorancia.

Estos árboles parecen ser medio Budistas Zen; por lo menos no me contaron la historia del sonido de una mano aplaudiendo. Esa es la contradicción constante de investigar: cada año sé acerca de más cosas que no sé y me queda la duda de cómo va a terminar la historia. Mi sospecha es que voy a seguir colectando miradas desde diferentes perspectivas y cuando llegue el momento—esto es el momento mágico en que las hojas de los árboles se encuentren en la conjunción apropiada—voy a entenderlos. Y voy a reir con los árboles y me voy a cambiar de tema, porque hay que saber retirarse mientras uno va ganando.
— “¿Supiste de Claudia, recipe Mónica, cough
Sandra [escoge una]?” me preguntó mi amiga.
— “No, nada desde el año del ñauca” repliqué indolente.
— “Se suicidó unos pocos días atrás. Saltó al vacío, apretó el gatillo, usó el horno [escoge uno]” me informa mi interlocutora.

“Qué pena, qué sorpresa, qué extraño” respondo en turnos. ¿Cómo entender lo incomprensible con tan poca información en nuestras manos? Sola en New York, sola en Santiago, sola en algún pueblo innombrable. ¿Quién hubiera apostado contra sus vidas? “Era alegre, amistosa, retraída [escoge uno]”.

¿Están? ¿Sí? ¿Dónde? y las recuerdo desde 1976 en adelante. Claudia era mayor que yo, las otras menores; todas marcan (o marcaron) etapas, lugares, momentos. Y no encuentro cómo terminar este texto, porque no sé que les diría. Adios o gracias.
Esta ha sido una semana extraña.

Como estar al lado del camino.

Intentando definir el espacio y el tiempo:

  • En geometrías conocidas e imaginarias.
  • Con signos concretos y virtuales.
  • En transformaciones simples y a veces compuestas.

Pocos se preguntan por su tiempo y su espacio, sickness
de como ellos ocurren en paralelo, website
definiendo sus físicas y sus ecologías.

Eso a sido esta semana, pensar en lo que no se piensa.

Pensar y a ratos sentirse sentado al lado del camino.

Como un espino al borde de la pradera que viene

Hay años buenos, doctor
esos en que nos sentimos a prueba de balas, urticaria
y años mediocres, en que nos agarramos cuanto bicho anda dando vueltas. El dos mil once pertenece a la segunda categoría; a pesar de los milagros de la medicina moderna (donde milagro se escribe entre comillas) he andado contra las cuerdas. Suena serio, pero hasta donde y sé es un simple resfrío tras otro, una reacción en cadena o una seguidilla de inconvenientes.

Antibióticos, kilómetros de papel higiénico—suave, de buena calidad, para no lijar la nariz, antioxidantes, limón, cama, no cama, analgésicos y toda la parafernalia asociada a los resfríos. Un cerro de papeles usados y arrugados a mi lado verifica mi historia, mi coartada en lenguaje policial, la evidencia de este 2011 otoñal.

De a poco he derivado a infusiones con contenidos bajos (o no tan bajos) que no curan, pero alivian el malestar constante. Y ahí es donde empezó esta nota, tomando mate con miel. Iba a servirme una segunda taza cuando observé los finos del mate pegados en un poco de miel al fondo de la taza. Mate y miel, una combinación interesante como para pensar en cápsulas o caramelos. ¿Habrá pastillas de mate con miel? Porque parece que el mercado está lleno de eucalipto, mentol y otras combinaciones que no incluyen el fondo de mi taza.

Es difícil descubrir el ritmo natural de los acontecimientos, page
pero hay momentos de extrema lucidez en que el azar no existe, buy sólo hay causalidades que se arrastran por años. Se denomina sincronía al hecho de cruzar un puente en Valdivia, mientras un pelícano pasa planeando a ras del agua, totalmente extendido de alas configurando una composición perfecta. El suceso pasa a ser plus-sincrónico si la composición se repite en Taipei, con una golondrina y un campesino chino lejos de su amada.

It is hard to stop

Estamos frente a una hipersincronía si se añade la caída en espiral de una hoja, con una gota de humedad que estalla en el piso y numerosas, quizás ilimitadas, coincidencias (sincronías) repetidas en forma idéntica o imagen especular, en la ribera de ambos ríos cruzados por sendos puentes.

Un suceso es asincrónico si es único, irrepetiblesale
pero hay momentos de extrema lucidez en que el azar no existe, buy sólo hay causalidades que se arrastran por años. Se denomina sincronía al hecho de cruzar un puente en Valdivia, mientras un pelícano pasa planeando a ras del agua, totalmente extendido de alas configurando una composición perfecta. El suceso pasa a ser plus-sincrónico si la composición se repite en Taipei, con una golondrina y un campesino chino lejos de su amada.

It is hard to stop

Estamos frente a una hipersincronía si se añade la caída en espiral de una hoja, con una gota de humedad que estalla en el piso y numerosas, quizás ilimitadas, coincidencias (sincronías) repetidas en forma idéntica o imagen especular, en la ribera de ambos ríos cruzados por sendos puentes.

Un suceso es asincrónico si es único, irrepetiblehealth care
andaba de parranda”. Tren de carga ha mostrado la constancia eterna de ferrocarril sudaca: pasa a la hora que se le ocurre. ¿Y los horarios? Están para ser ignorados.

Por supuesto que tengo las excusas de costumbre: que he estado ocupado, dosage
que los terremotos, que he escrito un montón (pero en otras partes). Sin embargo hay una razón mucho más importante:

No entiendo que pasa en mi parte del mundo hispano, al final de la trocha angosta en la esquina más oculta del sur. ¡En Shile poh!

Mirando los números, lo macro, lo eternamente acusado de reaccionario, uno podría afirmar que Chile está mejor que en cualquier momento de su historia. Seguro que alguien dirá “pero hay una desigualdad tremenda”. Cierto, pero si uno puede recurrir a la memoria que avanza más allá de, digamos, veinte años atrás existía una desigualdad quizás más extrema. La del derecho a pernada de los sesenta, la de la desnutrición dolorosa hasta los años setenta, la de la cesantía de los ochenta, etc. O la falta de derechos políticos de años de dictadura, o los exilios varios o la pobreza dura que en algún momento carcomía a la mitad de la población.

Hay desigualdad y Chile es una sociedad de tendencias feudales, pero aún no entiendo el loop social.

while 1:
protest("a lot")
ask("something")
if screams == "A lot":
moneyToProtestors = TRUE
# Even if they ask for
# the wrong thing

Lamentablemente la salida más fácil para un gobierno en problemas es entregar recursos a los más vociferantes, no a quienes más los necesitan. En términos técnicos, chuteamos el problema unos años más tarde. Y esto pasa en muchos ámbitos y yo me enojo (y frustro) porque la situación es tan transparente, pero no el país sigue en el loop eterno, donde no hay una condición de salida, un if solution == TRUE break o algo por el estilo.

La frustración me quita las ganas de escribir y los rieles se oxidan y salen telarañas en este sitio. Difícil escribir un blog cuando las miradas cubren un país embriagado de achaques.

Por un año 2012 que quiebre el loop shileno. Poh. Salud.

Una respuesta a “De parranda y el loop eterno”

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