El ocio del sur

Reportándome de los cuarenta y tres y medio grados latitud sur, dónde el invierno arrivó con cincuenta milímetros de lluvia en la mañana. Como es habitual, salimos con el perro (que dice hola) a pasear por el parque.’

Y éramos los únicos en el universo horizontal sumergido. ¿Qué tal?

Dijo doggo

Después de una caminata de rigor, visita al cementerio, depósito de mierda y recogida en bolsa plástica, comenzamos el regreso a la mothership hogareña. Fin de informe. Cambio y fuera desde el medio de la Isla Sur.

Lluvia en Christchurch el 1 de Junio 2019.
Lluvia en Christchurch el 1 de Junio 2019.

La película se fragmentó

Murray Cammick: Platform Heels, Fort Lane.
Murray Cammick: Platform Heels, Fort Lane.

Hay una nueva exhibición de las locas de los años 70, volando en plataformas gigantes, elevándose al cielo entre el glamour y la suciedad de la calle: Queen Street y sus reinas.

El grano es profundo y el negro domina al blanco, pero todavía hay una continuidad análoga, una riqueza extemporánea que me pone nostálgico de algo que nunca viví de primera mano.

Mis amigas locas de hoy viven en un mundo discreto, digital, con una resolución enorme pero muchos de los mismos problemas. Bichos raros para la patada y el combo, despreciadas, aunque sean reinas, emperatrices de Queen Street y dominios colindantes.

El maquillaje de la memoria

El país desaparece en la distancia
espacio-temporal
borroso
con las luces que merodean mi halo de santo
creando un bokeh cremoso
digno de fotógrafo profesional.

Voy y vuelvo
voy y vuelvo
en la memoria que convierte en idílico lo trivial
que socava lo áspero
como un río terco y empeñado
en hermosear lo que no podemos revivir.

Y cuando regreso de verdad
por una semana, o dos
se corre como pintura de mala muerte
exhibiendo las manchas, cicatrices,
espinillas, huijas y rendijas
propias de la realidad.

Limpio el maquillaje con cuidado
y respiro brevemente
ajustando la presión
un buzo retornando a la superficie
saboreando el reflejo del cielo
mientras esquiva burbujas mortales.

Quién te viera, quién te vió
desconocido mío, hermano mío
áspero, olor a humo, nítido a la perfección.

LIDAR

Cuando chico me gustaban los mapas. Ese atlas importado que tenía detalles improbables, mostrando incluso el nombre de ese pueblo al lado de Madison, Wisconsin. O esa guía que detallaba todas las paradas entre Nueva Imperial y Traiguén, cubiertas por un bus rural solitario.

Pero la escala era inconvincente: todo comprimido y reducido como en una olla a presión. ¿Dónde estaba la magnificencia Borgesiana, el mapa 1:1 (uno a uno) que replicaba el mundo externo? Pasé años sopesando malhumorado las restricciones del papel y la imprenta y los corchetes. Hasta que apareció LIDAR*.

Instrucciones: 1. Consiga un avión. 2. Consiga un puntero láser poderoso y un cronómetro de precisión. 3. Vuele alrededor disparando el puntero láser hacia abajo, midiendo cuánto se demora en rebotar la luz de vuelta. 4. Convierta esos tiempos en distancias y produzca un mapa.

Aparecen los árboles, las casas, las zanjas, y el lugar para los asados en el fondo del patio. Aparecen el rehue sagrado, el bar clandestino de la esquina y los cactuses que montan guardia en el cerro de más allá, donde desaparecieron los compañeros en los 1970s. Aparecen los restos arqueológicos tragados por la selva, las memorias de los muertos y el basurero municipal con sus pájaros carroñeros.

Un mapa enorme hecho de luz y tiempo.

Cuando grande me gustan los mapas.

*LIght Detection And Ranging.

Dedicación al arte

Para dedicarme al arte debo:

  • Dejar las maquinas cibernéticas por la fotografía a papel lustre.
  • Escupir sobre una botella a plastico para beber sobre un vaso a vidrios reciclados.
  • Bajar del caballo a herraduras de carbono para montar la máquina fotosintética.

El paracaídas controla la subida por medio de micro-jets a comandos nanoelectrónicos.

Para dedicarme al arte debo cambiar de lado estas conclusiones.

A los márgenes de la cultura

Camino en un día tibio, que enerva a los habitantes de la ciudad laica por excelencia. “¿Cómo no tuvimos este tiempo durante las vacaciones y nos estamos cocinando de vuelta en la oficina?” piensan los oficinistas anónimos aplanando las veredas. Las vitrinas ofrecen dulces de Algeria, trajes de Kenia y burqas y niqabs de múltiples países de influencia arábica. Me siento cómodo en los márgenes e intersecciones de ciudad y cultura.

Mis hermanos negros y hermanas musulmanas flotan apurados subiendo cortinas metálicas cubiertas de graffiti. Avisos de Coca Cola pululan entre tarjetas que prometen conectarnos con alguna ciudad medio olvidada del norte de Africa—¿o sería Medio Oriente? (de esas que ocupan a lo más un párrafo en Lonely Planet pero que son el hogar de un millón de humanos).

Compré un pase de esos “panzada de museo”: todo lo que puede comer en materia de museos por cinco días. Y los cuadros, las estatuas, las momias robadas en campañas de guerra saltaban de las paredes. La cultura oficial es resguardada por los museos de caras blancas; la cultura viva supuraba de las esquinas de inmigrantes ilegales, de puestos con cachureos, de mestizos, mulatos, latinos y afros.

Choque de culturas, Babylon 5 en el medio de Paris. El extremismo conservador tiene repugnancia a la mezcla, a la posibilidad de tener amigos, novias, hijos sin la pureza apropiada. ¿Que diría Dios si pudiera hablar sin intermediarios? Quizás se mataría de la risa, dando cientos de caras diferentes a los fieles correspondientes. O quizás serían muchos dioses llenando un estadio de variaciones religiosas. O, tal vez, nadie o nada reiría porque no existe la entidad en cuestión.

Mientras tanto las escenas se repiten en Beirut, donde gente camina tomada de la mano—entre los mismos avisos de Coca Cola y tarjetas de llamadas baratos a las mismas ciudades olvidadas en el norte de Africa. Mis hermanos y hermanas siguen flotando apuradas creando cultura. Mezclando idiomas y comidas y riéndose de los mismos problemas, con los mismos oficinistas (con otra ropa) aplanando las veredas quejándose del calor.

La cultura nueva, mezclada y sabrosa la creamos a los márgenes de la cultura oficial de los museos. Cuando abrimos las mentes y nos reímos con nuestros hermanos negros y hermanas musulmanas.

(Este texto fue parcialmente escrito en septiembre de 2014, en el 11e arrondissement de Paris)

Mundos problema en el Centre Georges Pompidou.
Mundos problema en el Centre Georges Pompidou.

Descubrimiento

Fíjate en el sol en la cordillera. Ya esta pintando la ladera de color rosado.

Miran los árboles ya viejos. Las hojas nuevas son el elixir de su juventud eterna.

El tiempo pasa lento hoy. Ayer me consumí una semana a 365 días/hrs.

Si bajamos la montaña el mar correrá el horizonte un poco más al fondo.