Duele de frío

Hay días en que el aire duele de frío, corta como vidrio y se siente (realmente) el silencio. Volando en bicicleta desde el trabajo me detuve ante la composición verde brillante. Una de las ventajas de usar un computador pequeño es que queda espacio en la mochila para llevar otros accesorios: cámara compacta, grabadora digital, micrófonos y cachureos varios.

Al final de un día cualquiera de abril paré la bicicleta, rescaté la cámara de un bolsillo, ajusté la velocidad del obturador y click, grabé el aire frío rodeado de nubes extrañas. ¿Después? Seguí pedaleando.

El aire dolía de transparente.
El aire dolía de transparente.

El regreso

Vengo de un viaje galopante, de tres mil años en tierras lejanas e imaginarias.

Pude ver otros soles, tocar otras aguas y pescar en ríos de colores alucinantes. Las aves eran semejantes, pero cantaban trinos refractarios.

Vengo de un viaje tri-milenario, con traje forjado de pseudo-corales y arcillas a cargas eléctricas desconocidas. Pude volver en el tiempo y mirar como crecían mis padres en los ojos de otras especies, de otros materiales y en el frío de otro paisaje.

Pero ya estoy de regreso, como un navegante que descubre, como un héroe que vuelve de ganar una gran batalla. Tres mil historia les puedo contar, mil historias más puedo inventar con la ansiedad de las sinapsis que me ocurren en este último tiempo.

He vuelto a mi refugio. Con sal y con arenas se han recuperado mis heridas y grabado mis recuerdos.

Ya estoy de regreso y mi humanidad se ilumina a la misma velocidad de expansión del universo.

Chao Ramiro

“Murió Ramiro” comunicaba escuetamente el email.

Ramiro no era santo de mi devoción; al contrario, representaba los aspectos más autoritarios de la sociedad de fines de los ochenta. Director de escuela en tiempos de dictadura, exhalaba carencia de respecto hacia los estudiantes, su intolerancia y exigencia empujó a más de uno a extremos…

Pero. Sin embargo. A pesar. Sus clases, al menos en mi opinión, inspiraban el deseo de querer aprender o entender más de Optimización o Evaluación de Proyectos. De los + o – 60 cursos para completar mi carrera (50 obligatorios + 10 electivos) esos dos son de los 5 que más me impresionaron: junto con ecología (Rodolfo Gajardo), cálculos (Sergio Mora) y mejoramiento animal (Ximena García).

Murió una epoca, difícil de entender mirándola desde el presente sin el beneficio de experiencia directa. Reuniones en el anfiteatro, “emplazamientos”, exigencias, llamados a paro, intervenciones, diferencias políticas profundas… pero definitivamente de encuentro matemático; contradicciones de dictadura, quizás lo hubiera apreciado más en un universo alternativo.

Chao Ramiro.

Edificios post-terremoto Febrero de 2011 (Foto Luis:  http://500px.com/photo/29277635).
Edificios post-terremoto Febrero de 2011 (Foto Luis:  http://500px.com/photo/29277635).

Orientado al objeto

Básicamente ordenado en clases, sub-clases y líneas de dependencias.

Los ídolos renuncian a sus estatus de ídolos para mostrar que solo eran seres mortales.

Bojo el alero de un creciente otoño la luz pierde su fuerza procreadora llamando al invierno inmortal.

Ya vendrán los tiempo del delirio y de la inspiración para retomar las huellas.

Por ahora:

“solo objetos ordenados en clases, sub-clases y líneas de dependencias.”

Volver al ombligo

¿Quien dijo que el tiempo y el espacio son planos y lineales?

¿Acaso la tierra, la luna, el sol y nuestras cabezas de ritos meridianos no son redondos como un ombligo de ancestro?.

Hace algunos años salí a caminar sobre una circunferencias que tenía un radio infinito.

Ahora estoy aquí, en este espacio y tiempo mirando la espalda de mi partida:

  • la misma ventana y sus manchas de choques de pájaros al oriente
  • la misma puerta transparente con avisos de trabajos y un cartel con mi nombre al poniente
  • los viejos libros y revistas sobre la repisa mirando al norte magnético
  • y la enorme pizarra blanca llena de garabatos y líneas inconexas que deje al partir.

Como diría Marcel Jacob hace un tiempo, eso es análogamente volver al ombligo…

Pero debemos tener cuidado!

Traigo los ojos cargados de paisajes que aún no he logrado bien geo-localiza.

Cuándo dijimos cuándo

La parábola esgrimió un nuevo significado cuando le pedimos peras al olmo. Quiero un auto y un trabajo con sentido, consentido no soy pero me gustaría que sucediera por obra y gracia de nuestro (se)ñor, ése en que no creo mucho—o nada para ser honesto.

Predigo una visita y caminata, una búsqueda de conexión a esa sociedad de mi periferia. Al revés, yo soy la periferia y busco un noray para descansar unos minutos. ¿Cuándo fue la última vez que dijimos cuándo te veo?

Leo los periódicos, que frecuentemente cuentan salvajadas: intolerancia explotando en las esquinas. Debería ser obligatorio existir como immigrante, darse cuenta de que el chico pelo tieso quiere lo mismo que tú (¿te has visto al espejo? Tú, también chico pelo tieso). ¿Cuándo vamos a comer juntos?

¿Cuándo me vas a preguntar cuándo cualquier cosa?

El tren que vive de parábolas.

Somos de nuevo

Somos de nuevo, habemus web, somos fénix de las inyecciones de código. (A todo esto, qué raro se lee el plural de fénix.) Algún ocioso desgarró caos en nuestra oficina central corporativa, la piezucha que arrendamos por semana para albergar los servidores de Tren de Carga. Claro que la actitud poética hacia la ciberseguridad no fue mucha defensa contra los malhechores de sombrero negro. Una sobredosis de código y caímos en desgracia total con Google et al. Su sitio está infectado, escobíllelo, encérelo, hiérvalo con lejía, golpéelo con las rocas del río. Enjuáguelo y consideraremos incluirlo nuevamente como parte de la internet prístina y saludable.

Todavía estamos haciendo inventario pero hay algo seguro: desapareció la página que detallaba nuestra (i.e. la de Tren de Carga) misión en la vida, junto con algunas fotos de valor histórico. Trataremos de reconstruirla con cuidado y amor de arqueólogo; sin embargo, no lloraremos unos pocos bits si fallamos en el intento. La función terapéutica de Tren de Carga se gatilla al escribir, la lectura es de yapa.

Mientras rescataba los pedazos de tren encontré estas palabras de Jorge Teillier:

Te gusta llegar a la estación
cuando el reloj de pared tictaquea,
tictaquea en la oficina del jefe-estación.
Cuando la tarde cierra sus párpados
de viajera fatigada
y los rieles ya se pierden
bajo el hollín de oscuridad.

La nostalgia de los trenes, esa saudade lárica de retornar a esa conjunción espaciotemporal que ya no existe, con relojes digitales que no necesitan ni tic ni tac para contar la hora. Sólo queda inventar nuevas conjunciones espaciotemporales (anisotrópicas, por supuesto) para revolver el gallinero.

cubist

Ah, y saludos a Ramy y Paulina si nos están leyendo.

Crisis de punto de vista

¿Qué te hiciste? ¿Dónde estás? Crisis de punto de vista, ya que lo que viene se avizora más breve que lo que ya pasó. Revisamos nuestras listas, plantamos árboles, tenemos hijos-casa-perro-gato-auto, tenemos más de lo que soñamos en algún momento pero el tiempo se escurre entre los dedos.

¿Qué sigue? En un momento nos damos cuenta de que hemos perseguido espejismos (y algunas verdades maravillosas). ¿Cuánto podemos y debemos dar de lo que hemos aprendido? Queremos evitar los mismos errores, mostrar nuestros sentimientos y aproximarnos a los ideales que soñamos con una banda sonora de David Sylvian.

¡Feliz cumpleaños! (atrasado para variar, tarde como Tren de Carga).

Saliendo de la primera clase del año—en que estúpidamente logré antagonizar con un estudiante que no estaba dispuesto a participar—pregunto abiertamente “¿Hay algo más?”. Tal vez necesitamos juntarnos en el patio de un buen restaurant y conversar una comida pantagruélica, unas buenas cervezas e inventar los próximos veinte años; con la marca que realmente queremos dejar.