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Vuelta a borrador

He ido revisando lentamente, restaurando en ciertas ocasiones, pero llegué a un punto en que no puedo encontrar el sueño original. Tras los ataques malandras y mala clase a Tren de Carga de unos años atrás, use Archive.org, pero de alguna manera eso fue borrado y ya no hay vuelta atrás. La memoria alcanza hasta fines del año 2010—lo que no es poco—y del resto, vaya uno a saber.

Pensé en hacerme mala sangre, pero creo que hay que apreciar la impermanencia del medio, ser Budistas electrónicos y let go. Respirar profundo, meditar sentado en un cojín y abrir nuestras mentes a la verdad permanente: no hay URL que resista el paso del tiempo.

De a poco estoy cambiando a borrador los artículos más antiguos y pensando en el desafío de escribir mejor, más seguido y más alegre en el futuro.

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Somos de nuevo

Somos de nuevo, habemus web, somos fénix de las inyecciones de código. (A todo esto, qué raro se lee el plural de fénix.) Algún ocioso desgarró caos en nuestra oficina central corporativa, la piezucha que arrendamos por semana para albergar los servidores de Tren de Carga. Claro que la actitud poética hacia la ciberseguridad no fue mucha defensa contra los malhechores de sombrero negro. Una sobredosis de código y caímos en desgracia total con Google et al. Su sitio está infectado, escobíllelo, encérelo, hiérvalo con lejía, golpéelo con las rocas del río. Enjuáguelo y consideraremos incluirlo nuevamente como parte de la internet prístina y saludable.

Todavía estamos haciendo inventario pero hay algo seguro: desapareció la página que detallaba nuestra (i.e. la de Tren de Carga) misión en la vida, junto con algunas fotos de valor histórico. Trataremos de reconstruirla con cuidado y amor de arqueólogo; sin embargo, no lloraremos unos pocos bits si fallamos en el intento. La función terapéutica de Tren de Carga se gatilla al escribir, la lectura es de yapa.

Mientras rescataba los pedazos de tren encontré estas palabras de Jorge Teillier:

Te gusta llegar a la estación
cuando el reloj de pared tictaquea,
tictaquea en la oficina del jefe-estación.
Cuando la tarde cierra sus párpados
de viajera fatigada
y los rieles ya se pierden
bajo el hollín de oscuridad.

La nostalgia de los trenes, esa saudade lárica de retornar a esa conjunción espaciotemporal que ya no existe, con relojes digitales que no necesitan ni tic ni tac para contar la hora. Sólo queda inventar nuevas conjunciones espaciotemporales (anisotrópicas, por supuesto) para revolver el gallinero.

Ah, y saludos a Ramy y Paulina si nos están leyendo.

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Verborrea

Admiro la capacidad y constancia de autores que publican una columna semanal. Ellos (o ellas) que, casi mágicamente, logran capturar la esencia de la humanidad, el pulso de siete dias o el dolor de un cuarto de luna.

Mi estilo—o mi condena—es la inconstancia. Un yo-yo de productividad que me mueve entre textos largos (tres este año) y silencios de posts aquí y en conuco. Un salto entre la verborrea breve de twitter y más silencio.

Los terremotos no ayudan, comprimiendo el trabajo semestral en varias semanas menos. Pero, acepto, son más que nada una excusa para el yo-yo. ¡Ah! y los incentivos… A veces quedo contento con unas pocas palabras:

Watching “Monsters vs aliens”. It’s just like the war in Libya but with monsters and aliens and a smaller budget.

o

There is nothing like air pollution to improve a sunset.

Conciso. Simple. Gracioso, en serio, gracioso. Y está la satisfacción immediata, sin meditación, bajo costo. Y de vez en cuando uno encuentra la combinación apropiada de palabras (o no).