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Cuento Miradas

El porvenir de las escafandras

A principios del siglo veinte todo hacía presagiar el fin de la escafandra, los zapatos de plomo y el traje de género. Las profundidades cedieron el misterio al espacio, el espacio a los computadores, los computadores a los teléfonos y los teléfonos a las redes sociales. Pero por décadas hemos calentado el planeta y secado nuestros queridos árboles, al punto de que el océano sube y las casas de playa quedal al mismísimo lado de las olas.

Estoy invirtiendo mis ahorros en escafandras de bronce, vidrios gruesos y una lámpara lateral para la lectura. Así puedo sentarme en la silla de playa, tomar el sol y seguir soñando con cochayuyos, pulgas de mar y cangrejos lateralcaminantes. El porvenir de las escafandras es brillante, por lo menos hasta que volvamos de las redes sociales a los teléfonos, de ahí a los computadores, luego el espacio y a admirar el fondo del mar.

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Lenguaje Miradas

Quiero volver

Hace una semana volví a ese Valparaíso de calles de piedras levantadas y muros de fonolitas pintados por el aceite de una muchedumbre abandonada rumbo a la modernidad.

A ese Valparaiso que en su caminar a ratos se muestra glorioso y a ratos triste producto de golpes de ignorancia de aquellos que piensan que la belleza tiene solo un punto de fuja.

Caminé por sus calles y fui recordando en cada esquina vidas pasadas que sin saber si fueron mejores que las nuestras, están ahí contando historias de redenciones y levantamientos.

Valparaiso sigue vivendo a pulsos de época, de sus mujers y hombres solo fieles al mar, fieles a la pendiente fuerte, a la caída fantástica después de perder el equilibrio en la colina.

¿Pero, donde estuviste estos años me preguntas?

Escondido en lo profundo del bosque, escapando junto a otras especies de la sequía, intentando construir triste un nuevo nicho, un incompleto nicho que no será suficiente para todos.

Estuve muy alejado de ti y de esa línea de luces de la tarde que marca tu llega al pacífico y de ese verdor que imponen las palmas marcando tu llega dinámica al borde de la colina.

Pero estoy de regreso. Con amores frescos que me llevan a la resurrección de los sentidos, con recuerdos de antiguos y nuevos difuntos y de los que vienen en camino todavía.

Aquí estoy Valparaíso, perdido frente a tí, como quimera olvidada en el horizonte.

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Fotos Miradas

Tatuajes

A veces, los días de lluvia revelan los tatuajes de los árboles. Tribus, gangs, clubes de membrecía exclusiva quedan marcados en la corteza (o bajo ella). Así los árboles se reconocen, guiñan con las ramas y dicen hola. Después con el sol pasan a estar nuevamente de incógnito.

Eucalipto tatuado (Foto: Luis).
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Miradas

Ultimas ocho horas

Son las últimas 8 de las 8.784 horas de 2020, tiempo para meditar en nuestra partición artificial del universo. Pasaremos nuevamente un punto arbitrario en el espacio, que hemos elegido como el fin, y el comienzo.

Diversidad de colores e inclinaciones (Foto: Luis).

La estación espacial internacional cruzó el cielo anteanoche, una luz veloz mirándonos como hormigas; ni siquiera, como microbios pululando entre cruces del punto arbitrario. Y así de pequeños sacamos los bosques, pavimentamos el suelo y cambiamos el clima, de mentes muy pequeñas para entender.

Les deseo un año diferente, de libre circulación, menores temperaturas, más lluvia, menos preocupación, más árboles, menos estrés, menos violencia, más cambio, más democracia, con menos víctimas. En definitiva, un año más humano. 2020-12-31 15:50 NZST.

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Fotos Miradas

Pasadismo

Difícil también ver y entender este año hacia atrás (Foto: Luis).
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Fotos Miradas

Futurismo

Sitting in carwash
Difícil ver lo que viene (photo: Luis).
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Miradas New Zealand

De mención

Almorzar con doce personas más no debería ser digno de mención, no se trata de una última cena, aunque tiene la distinción de suceder en un 25 de diciembre.

No es porque sea multinacional y haya chinos, egipcios, australianos, ingleses, italianos y latinos varios, aunque bien variados los acentos y la conversación.

No es porque la comida haya sido parejamente excepcional, aunque el jamón al horno estaba muy bueno y había cuatro ensaladas excelentes.

Lo que lo hace digno de mención y excepcional en el contexto de este año de paréntesis, enfermedad y distancia es que estábamos todos ahí. En persona, sin máscaras y despreocupados de enfermarnos porque no había covid19, a los 43.5 grados de latitud sur en Christchurch, isla sur de Nueva Zelanda.

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Chile Miradas New Zealand

Aunque usted no lo crea

La mayoría de las películas de zombies empiezan con una premisa simple, ya sea los zombies existen (pero no sabemos cómo aparecieron) o hay un evento violento. En este último caso, el cambio es abrupto con un antes y un después clarísimos.

Pero este año fue diferente: un choque de trenes de carga anunciado por meses, en cámara lenta y con tomas de múltiple ángulos. Dieron una, dos, tres y aún más oportunidades, ¡pero para qué seguir recomendaciones que fueran afectar la economía! Mejor improvisar, ser batidinámico y empujar primero una ciudad y después todo un país por un pasadizo muy chico, sin lugar para todos. Y miles no cupieron.

No tenía que ser así y todavía no debe ser así. Lo sé, porque en esta realidad alternativa al otro lado del Pacífico, no sobró gente, ni hubo pasadizo muy estrecho. Y el mundo no se acabó, la economía siguió funcionando y no tuvimos películas de zombies. Hay quienes no creen que sea posible, pero sí, aunque parezca de Ripley. Un poco de empatía, un poco de esfuerzo y la magia ocurre, aunque usted no lo crea.

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Chile Cuento Miradas

Emprendimientos

Se inundó la ciudad, como cada vez que llueve más de un par de gotas. Los ríos porfiados se tomaron las calles, insistiendo que sus cauces anteceden pergaminos y títulos de propiedad, concreto y gaviones. “Somos ríos y no creemos en el papel” explicaron con voz profunda e impaciente. Los márgenes de costumbre respondieron con emprendimientos, que es una manera bonita de decir pegas precarias. Ingeniería de puentes con tablas y ladrillos, ferries de triciclos o incluso viajes al apa. Lo que sea para que los transeúntes eviten por unos pocos pesos quedar embarrados cruzando la calle, trasbordando de bus a colectivo (o viceversa). Té o café con sopaipillas o arepas para entrar en calor completan el servicio. Su propina es mi sueldo, ¿le cuido el auto?, unos cuadros de papel higiénico en el baño público. Así es el empresariado de invierno en la Nueva Extremadura.

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Comunicación Cuento Miradas

En estos días de lluvia

En estos días de lluvia y encierro la gente discute, entre alivio y reticencia, un buen quiebre a diez años de megasequía. Peleas van y vienen si es que llueve como en una imaginada lejana infancia, y yo me transporto a Valdivia, capital de lluvias frontales eternas.

Don Redolés hablaba de “una sinceridad de panadería que me pone nostálgico y sureño”, pero ese sentimiento es mucho más intenso en una micro Valdiviana. Se raja lloviendo y los limpiaparabrisas de la máquina no funcionan. Y me angustio viendo que el chofer cada vez puede ver menos; mi mente matemática diagnostica visibilidad asintótica a cero. Parado en el pasillo no veo nada y el maldito sigue manejando, hasta que el chofer mueve—así, a mano—el limpiaparabrisas y me sobrepasa un alivio enorme. Esa única limpieza tiene que dar para un montón más de cuadras, hasta que se acuerde o llegue a un paradero.

Hay además una humedad de pecera que lo impregna todo. Es el vaho de parkas y abrigos que no se han secado bien por semanas, porque no ha parado de llover desde hace más de un mes. Y, como si fuera poco, de repente se siente ¡ping! No, que no sea. ¡Ping! Sí, es, una pulga saltando de pasajero a pasajero, buscando su próxima víctima que resulta ser… yo. Pucha, me acabo de pegar una pulga y el chofer va escuchando la radio, manejando a tacto y tengo que empujar y apretar cuerpos para tocar el timbre.

Llego a la casa a quitarme la ropa y empezar la búsqueda milimétrica hasta encontrar a la pulga. No vaya a ser que terminemos con una invasión en la casa. De fondo suenan las gotas fuertes en el techo corrugado de la casa de madera, más fuerte o más suave, pero siempre presentes, como las pulgas de las micros de Valdivia.