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Hace 92 años el desierto de Atacama te vió llegar

A Mercedes Miranda

Sí, la innombrable inmensidad del desierto de Atacama un día te recibió sonriendo y cantando lleno de júbilo.

Como se recibe a un amiga querida que viene de lejos o como se recibe a la flor que aparece en la ventana en el principio mismo de la primavera.

Asií de generoso fue el desierto contigo, pero también implacable mostrándote de pura confianza la cruda realidad que vivía su gente en el principio de los siglos.

También te recibieron las ciudades y las usinas a carbón que transformaban el caliche de amarillos tonos en sacos de perlas blancas para la prosperidad de otros más modernos que nosotros.

El mar siempre saliente, presente y eterno celebra tu caminar desde el nicho a la tienda de novedades y curiosidades del centro. Festeja la caminata y la instrucción directa que te salvará la vida.

Tenías una piel hermosa que no conoció la vejez. Unos dedos de cuencas que heredaste de las montañas del valle del Elqui de igual forma que tu madre.

Hoy decidiste partir después de decir gracias por el alimento porque quién más que tú sabe lo que es no tenerlo para ti y los que vienen contigo.

Aquí desde mi encierro grito, río y lloro. También canto y respiro el aire fresco de ese desierto que nos enseñaste a querer, odiar y admirar.

Aquí desde mi encierro levanto mi bandera que espero se vea desde lejos. Tan lejos como aquellos paisajes hermosos que recorriste cuando estabas a este lado de la vida.

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Tarde de sábado

Conversar de amigos y salir luego a recorrer las calles donde hasta hoy pasabamos desapercibidos.

Conversar sobre los miedos y de ese despertar y muerte que trae la edad en su avance inminente que cambia los cuerpos.

Suena en el piano una melodía amorosa, como las conversaciones que no se nos dan por los últimos sucesos de la historia.

Y que solo llegan en destellos de una tarde de sabado atrapados en la pandemia.

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La calabaza esférica

En un ir y venir de mascarillas de colores, oscuras o de figuras irreconocibles nos movemos hoy sutiles no presentes.

Como los aplausos al ritmo de una agradable melodía de Jazz o Soul antiguo, si, muy antiguo como las calles donde nos perdimos en nuestro viaje a New Orleans.

¿Te recuerdas de Orleans y de cuando me decías que era aquí donde engendrariamos el ritmo del próximo milenio?

Las miradas sin sonrisas hacen que tus ojos se vuelvan más importantes que los mismos cinco sentidos. Ahora hablas por medio de ellos como en una conversación a la salida de un bar.

Vivimos bajo este ritmo que nos salva de lo que ya no solo pasa afuera, sino que ocurre expandido por todos los muros de nuestra pieza. Nueva vida que ocurre a la velocidad de periódicos en una imprenta.

Sabor a pimienta degustamos en las esquinas y solo por los ojos saludamos, aprobamos el pedido de la feria o reclamamos por el último discurso del presidente.

En New Orleans no me importa mucho como estoy vestido o si mi vieja camisa a lineas azules y cuello gastado anda bien con el color de mis pantalones a notas musicales.

8 pm de una tarde de Mardi Gras que oscurece un poco más lento. Vuelvo a mi refugio rápidamente ya que debo celebrar el día 153 desde cuando comenzamos a vivir esta cuarentena.

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La conservación

Si quiero ver un bosque en el borde de una ladera andina debo conservar la red de relaciones que permiten que exista el bosque

Si quiero ver una pradera nueva desde el fondo de un suelo olvidado debo guardar la red de relaciones que permiten que ella sea pradera.

Si quiero ver un cielo azul después de una lluvia Mediterránea debo procurar la red de relaciones que permiten que este sea azul.

Si quiero que te quedes esta noche a mi lado debo asegurar esa red de relaciones que te permitirán ser libre nuevamente en la mañana.

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La medida de la muerte

La muerte llega estos días de la mano de un virus incognito que, en su camino hacia el invierno del sur, deja atrás millones de cruces enterradas en cementerios improvisados como aquellos cunado niños dejábamos a nuestras mascotas.

La muerte en este tiempo, al igual que el impacto de un cometa em la superficie de un planeta, ha congelado la vida no permitiéndonos el último beso en la frente, la última caricia o el último mirar de unos ojos en vida de un querido.

Pero, ¿que hacen los científicos estos días cuando ella, sentada en la sala de espera de una UCI, aguarda al próximo pasajero que cruzará el Aqueronte?

Con modelos matemáticos, estadísticas complejas y peleas en el ring de los supuestos intentamos dar de una vez por todas con el número mágico exacto que represente la imagen de su medida.

Ella, que ha acompañado al homo durante siglos a través de su trayectoria, mira para atrás, se ríe y sigue con su meticuloso e implacable trabajo.

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Lenguaje Miradas

Lo que no se pierde

Después de meses navegando sin claro futuro, tratando de adivinar la próxima hora en base a historias y recuerdos quebrados en el suelo, me pregunto: ¿que va quedando?.

Después de haber recorrido durante medio siglo horizontes que esconden colores estridentes, bosques húmedos de hojas recicladas y profundas, me pregunto: ¿que vas sintiendo?.

Despues de haber descubierto abismos interminables, como surcos infértiles de hielo en la piel de un polo terrestre.

Después de haber sentido el silencio y de haber olido el perfumen de una imagen en una manaña post-tormenta.

Después de haber visto las alas de un albatros en el filo de una ola oculta por el humo de los cruceros.

Después de estar encerrado tanto tiempo en la jaula de mis torpes ideales…

¿Que es en realidad,

lo que la memoria no quiere dejar,

lo que no se tranza ni por un día más de sol,

lo que no se pierde y al final escogeras para llevarlo contigo a tu regreso?

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Ambiente Lenguaje

Vivir en la pandemia

Visitarnos, saludarnos y abrazarnos era cosa común desde siglos. Han cambiado modos e intenciones con el tiempo pero siempre el poder conversar y decir que existíamos en el lenguaje fue nuestro objetivo.

Ahora, desde que la palabra pandemia se volvió experiencia práctica y llevó de súbito nuestros libres movimientos a un encierro perpetuo, tememos al vecino, al aire, al ruido y a al vacío que hay afuera.

Fuimos obligados a cambiar nuestros modales de verbena en fiesta perpetua por modales de astronautas que orbitan a velocidades increíbles alrededor de un viejo cuerpo celeste.

Normas de higiene y horarios estrictos nos hacen recordar la debilidad de una especie que, avalada por la globalidad de sus movimientos, ya se pensaba todo poderosa.

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Lenguaje

Estoy lejos del mar

Sábado, 4 de Marzo 9:40 hrs. Vamos caminando por un sendero que nos lleva hacia antiguos bosques que han sobrevivido el efecto invernadero y las olas de un mar de calor que nos llegó de repente.

Estamos lejos del mar, de su humedad y de sus movimientos que mueven nuestros corazones como las madres mecen a sus hijos en el profundo crepúsculo que precede a la noche.

Es de sabios decir que llegaremos pronto a esos bosques donde seguro se abrirá un paisaje que nos permitirá descansar y reponernos de estos seis meses donde el recorrido ha sido duro.

Pero estamos lejos del mar, de su ruido iterminable que con su golpe marca una orilla indefinible que separa para siempre los infinitos mundos del agua, el aire y la valdía tierra.

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Lenguaje

¿Y si buscamos el agua al sur?

Santiago, 1 de Febrero 10:30 am. La paradoja de cambio asociada a una sequía implacable que cubre los campos convirtiendo el verde de las fotosíntesis en baldosas de arcilla ya es nuestra realidad.

Hemos tomado nuestras maletas cargadas de hechos concretos yy fundamentales para huir de un calor que sobrepasa en tiempo y espacio hasta los más adaptados filos de la materia.

Sabiamos que si viajabamos al sur encontrariamos el agua en formato de lluvia que ya casi habíamos olvidado. Nuestro deseo no es más que sentir la humedad en nuestras caras y manos ya partidas por el norte.

La promesa fue cumplida y bajo esa lluvia al sur volvimos en parte a la vida. Esa ya perdida por tanto evento que desarma hasta los preceptos más profundos cconcebidos por la historia de estas calles.

Ahora estoy en la puerta, mirando a los míos que sonrien y sueñan juegos de invierno. Invierno que no llegará a nuestras casas si se cumplen las profecias de los científicos lunáticos de siempre.

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Lenguaje Miradas

Encuentro en Venecia

Sábado 22 de Febrero 13:20 hrs. Si estuviésemos en otro planeta a 11.000 años luz del nuestro, esta sería la imagen que más les llamaría la atención a magos y astrónomos de esas lejanas tierras. Nuestro encuentro en Venecia. Como paradoja de la luz y de la vida que se construye a pulso de emosiones.