Vienes tarde otra vez, como tren de carga

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Geometría de reloj

Insanidad: el futurista

Lo creí muerto; hace mucho tiempo que no escuchaba de él. No es que extrañara los aires mesiánicos y las columnas de permanente guerra con fuerzas oscuras y malignas. Tampoco es que hubiera acertado alguna vez, como el reloj malo que está a la hora dos veces al día. En serio pensé que había desaparecido de este mundo temporal, porque ya había cumplido su función por décadas. Pero estaba equivocado.

Lo imagino en un asilo en una calle de nombre anodino; algo así como Los Duraznos o Calle Ancha. Con un frontis que hace pensar de oficina representante de empresa internacional, de esas que venden nada conocido. Un jardín ordenado y un guardia medio dormido, en el calor de Diciembre. Pero al entrar nos encontramos con un dormitorio sellado al exterior, dónde habita Sergio. Vive conectado a internet, cazando fantasmas totalitarios, planes zeta e invasiones cubanas. Lo visualizo con una barba larga, descuidada, alimentado por enfermeras de aire germano—rescatadas de Colonia Dignidad antes de su caída—con papilla infantil. El no se separa de la pantalla y teclea enfurecido preguntas y respuestas a los traidores de la patria. La enfermera de turno le cambia pacientemente el pañal y luego lo manguerea. Sergio no se da cuenta, enfrascado en una batalla literal con el mismo demonio.

El futuro se pelea cuerpo a cuerpo en Twitter, saltos al abordaje, Arturo Prat electrónico. Le chorrea un poco la baba por la comisura, mientras sus pupilas se dilatan ante un nuevo ataque. La luz cambia de posición, pero el aire sigue encerrado en la habitación de Sergio. El jura que es 1979 y la rebelión de las masas ha sido orquestrada por esbirros de la Unión Soviética. La enfermera más baja pacientemente le explica que han pasado cuarenta años, que está escribiendo en Twitter. Sergio tira una taza de té al piso y grita furioso: ¡UN EXORCISMO, necesitamos un exorcismo para salvar la patria! Y babea que tiene que proteger a su comandante.

La enfermera más alta toma notas en un iPad, ajusta la dosis de antisicóticos en la comida. Su opinión es que los efectos de la terapia son más positivos que negativos. Agrega un breve saludo al magnánimo sostenedor que paga por el asilo de Sergio, pone un link a la cuenta de Twitter https://twitter.com/melnicksergio, se despide atentamente y aprieta el botón que dice Enviar. Los informes mensuales siempre son así de cortos.

cabezas de pescado

La conversa

La conversa es intrínseca a la existencia.
A veces es parodia,
un chiste de doble sentido.
Otras es profunda,
acordando lo trascendente o dividiendo
el mundo en pedazos irreconciliables.
La conversa es verbo,
es tiña descuidada por harto tiempo,
barrido ajeno que no levanta el polvo.
Adjetiva, abúlica y cansada
enorme, poderosa como héroes
y heroinas de tira cómica.
La conversa son cabezas de pescado
que dan sentido a todo.

Historia: la prole del dolor

Ofrenda floral

Hicimos, dijimos

Hicimos lo que hicimos,
dijimos lo que dijimos,
insultamos a los violentos
a esos jalados, motivados por el miedo
las órdenes perentorias
y el goze del poder.

Hicimos lo que dijimos,
dijimos lo que hicimos,
rompimos el yeso, las mordazas
despertamos el misterio
de no saber lo que viene.

Lloramos de rabia,
saltamos de esperanza,
hicimos lo que hicimos
para despertar el misterio
para no saber lo que sigue.

Trasvasije de ideas

Me paro frente a una clase y hablo, muevo los brazos, apunto al pizarrón*: diagramas, ecuaciones básicas, fotos. Agito los brazos un poco más, camino, paseo, murmuro,… Apunto al pizarrón.

Estoy tratando de mover ideas de mi cabeza. Mi entendimiento, punto de vista, sesgos y lecciones aprendidas a porrazo limpio. Enumero, y quiero transformar el pizarrón en una cañería que conecta mentes. Pero hay goteras, llaves, desviaciones y llega una magra cantidad del contenido inicial.

Quizás yo soy el viejo fome, pero me cuesta conectar y reducir esas goteras. Actividades interactivas, códigos QR, video parecen no hacer mucha diferencia. Tal vez soy yo: no cuento el secreto de la manera apropriada, muy a lo bruto y con poca paciencia. Tal vez es el tema: maldita estadística y sus leseras significativas. Lo que sea, estoy en un mundo de salas de clases llenas de goteras en el transporte de ideas.

*Pizarrón, bueno un whiteboard con marcadores en vez de tiza.

Niños en bus, Lautoka, Fiji.

Volví al sur

Volví a los cuarenta y tres grados y medio latitud sur, un poco más oscuro, un poco más alegre de haber conocido a esa humanidad diferente. El ritmo de las islas tropicales es contagioso, aproveché de leer novelas, soñar universos alternativos y ver menos televisión. Comí menos y diferente, raíces, pescado y ensaladas; piña y lechosa a destajo.

Recordé paisajes antiguos, también tropicales, con árboles que salvaban del sol atormentador. Pensé en la destrucción de los manglares, la prisión de islas artificiales y de centros vacacionales de plástico. Disfruté viajes en autobús sin ventanas, llenos de colegiales de colores y religiones diferentes. Se reían como nos reíamos nosotros. Son nosotros de décadas anteriores: iguales y merecedores de las mismas oportunidades.

El nivel del agua está tan arriba: un par de metros y ya no hay casa, ni cosecha. El mar lame los bordes mientras el mundo se calienta y nos demoramos pensando en decidir lo correcto. Las islas son los primeros testigos, pero todos vamos por el mismo camino.

Vuelta a borrador

He ido revisando lentamente, restaurando en ciertas ocasiones, pero llegué a un punto en que no puedo encontrar el sueño original. Tras los ataques malandras y mala clase a Tren de Carga de unos años atrás, use Archive.org, pero de alguna manera eso fue borrado y ya no hay vuelta atrás. La memoria alcanza hasta fines del año 2010—lo que no es poco—y del resto, vaya uno a saber.

Pensé en hacerme mala sangre, pero creo que hay que apreciar la impermanencia del medio, ser Budistas electrónicos y let go. Respirar profundo, meditar sentado en un cojín y abrir nuestras mentes a la verdad permanente: no hay URL que resista el paso del tiempo.

De a poco estoy cambiando a borrador los artículos más antiguos y pensando en el desafío de escribir mejor, más seguido y más alegre en el futuro.

No seas tropical

“No seas tropical”—me dicen indignados. Las desviaciones del color marengo y café carmelita los ponen nerviosos.

Debería conformarme con café instantáneo y kilos de azúcar, las comidas de costumbre y los paseos de otrora.

Hoy me despierto y hay lagartijas en los rincones, aire tibio y húmedo, gente tremenda que se mueve a otro ritmo. Veo un manglar desde la ventana y barcos que guiñan al ritmo de las olas.

Cada vez que vuelo me da cargo de conciencia con los kilos de carbono, hasta que recuerdo que trabajo incrementando la densidad de la madera de los árboles y me relajo. Tengo créditos de carbono hasta el aburrimiento.

Bienvenido a Fiji.

Mienten

En estos días de ataques a las verdades, manipulación de imágenes y videos insólitos, busco un punto de vista equánime. Que llamen al pan pan y al vino vino, sin pelos en la lengua, pero con compasión por el prójimo. Menos repartir miedo, más informar con conciencia, más impulsarnos a cambiar lo necesario. Pero me encuentro con que

El Mercurio miente.
La Estrella de Chiloé miente.
El Manawatu Standard miente.
El Aragüeño miente.
La Opinión Austral miente.

Del primero lo hemos sabido hace más de cinco décadas, de los otros, bueno, de a poco uno se va dando cuenta. Pan y circo, o quizás fonda y circo, para vendernos una cosa más mientras el calor y la sequía consume los árboles lentamente.

Delta 43

Una mitad de Tren de Carga suda a 40°C, mientras la otra mitad tirita a -3°C. Una mitad toma cerveza fría en el hemisferio norte, mientras la otra se prepara un chocolate caliente en el sur. En promedio, estamos en condiciones casi ideales, un primaveral 18,5°C, pero los promedios ocultan desigualdades brutales.

Ahora en puntos diametralmente opuestos, con cientos de deltas, incluyendo estaciones opuestas.

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