Vienes tarde otra vez, como tren de carga

Category: Miradas Page 7 of 18

Falta de imaginación

Hasta ahora había ignorado la discusión del proyecto hidroeléctrico Aysén: hay un número limitado de cosas a las que puedo prestar atención desde la distancia. Pero comencé a leer un artículo en El Post, escrito por Pablo Larraín, que mostraba mucha carencia de imaginación y limitación de opciones. Aquí va mi respuesta:

Estimado Pablo,

Voy a comenzar reconociendo algo simple: no me gustan la mayoría de los grupos ambientalistas. Mi razón principal es que no los considero ’suficientemente serios’ en materia técnica y con motivaciones más que nada políticas. Soy de las personas que, un par de días atrás, esbozó una sonrisa cuando el registro de Greenpeace como caridad en términos impositivos fue anulado en Nueva Zelandia por ser una organización mayoritariamente política.

Sin embargo, y por supuesto que a esta altura deberías esperar un pero, encuentro tu argumento terriblemente poco convincente. Es fácil descalificar al adversario y apelar al ridículo: ellos repiten ‘mantras’. Por otro lado, los argumentos que presentas son: necesitamos desarrollo (una canasta de trabajo, compra de libros, recitales y otras cosas más), eso implica que necesitamos más energía, por lo tanto y dado que hay solamente tres opciones implica que el proyecto es una buena idea.

No hay alternativas ’serias’ va junto a una pregunta simple ¿Quién debería proponer alternativas?. Abrí mi copia de ‘Physics for future presidents’ un libro muy entretenido escrito por el físico Richard A. Muller del Lawrence Berkeley Laboratory en California. Con información básica podemos hacer unos cálculos en una servilleta: energía solar que llega en promedio por metro cuadrado: 1 kilowatt. Digamos que una celda solar puede capturar 15 por ciento de ese valor: 150 watts. Nos cuentas que el proyecto Aysén va a producir 2750 megawatts, o sea 2.7x 10^9 watts. Si calculamos 2.7×10^9/150 obtenemos la cantidad de metros cuadrados: 1.8×10^7. Suena a un montón, pero considerando que un kilómetro cuadrado es 10^6 metros cuadrados, tenemos que necesitaríamos 1.8×10^7/10^6, o sea 18 kilómetros cuadrados de celdas solares: aproximadamente un cuadrado de 4.3 kilómetros por lado puesto en el norte de Chile. No suena imposible. Claro, habría que hacer un estudio de factibilidad, pero ese cálculo simple me tomó 5 minutos. ¿Cuán seriamente hemos evaluado las alternativas? Dada la irreversibilidad de la decisión, ¿deberíamos estar tan apurados en activar el proyecto?

Un par de años atrás me encontré con la siguiente frase en un templo en Kyoto: “No son las cosas externas las que nos restringen sino que nuestras mentes atadas a cosas que nos restringen” (mi traducción imperfecta). A veces lo que más nos falta es imaginación.

Resfríos

Hay años buenos, esos en que nos sentimos a prueba de balas, y años mediocres, en que nos agarramos cuanto bicho anda dando vueltas. El dos mil once pertenece a la segunda categoría; a pesar de los milagros de la medicina moderna (donde milagro se escribe entre comillas) he andado contra las cuerdas. Suena serio, pero hasta donde y sé es un simple resfrío tras otro, una reacción en cadena o una seguidilla de inconvenientes.

Antibióticos, kilómetros de papel higiénico—suave, de buena calidad, para no lijar la nariz, antioxidantes, limón, cama, no cama, analgésicos y toda la parafernalia asociada a los resfríos. Un cerro de papeles usados y arrugados a mi lado verifica mi historia, mi coartada en lenguaje policial, la evidencia de este 2011 otoñal.

De a poco he derivado a infusiones con contenidos bajos (o no tan bajos) que no curan, pero alivian el malestar constante. Y ahí es donde empezó esta nota, tomando mate con miel. Iba a servirme una segunda taza cuando observé los finos del mate pegados en un poco de miel al fondo de la taza. Mate y miel, una combinación interesante como para pensar en cápsulas o caramelos. ¿Habrá pastillas de mate con miel? Porque parece que el mercado está lleno de eucalipto, mentol y otras combinaciones que no incluyen el fondo de mi taza.

Al lado del camino

Esta sema ha sido extraña.

Como estar al lado del camino.

Definiendo el espacio y el tiempo.

En geometrías conocidas e imaginarias.

En tiempos concretos e imaginarios.

En transformaciones simples y a veces compuestas.

Pocos se preguntan por su tiempo y su espacio, de como ocurren en paralelo, definiendo sus físicas y sus ecologías.

Eso a sido esta semana, pensar en lo que no siempre pienso.

Pensar y a ratos sentirse al lado del camino.

Como un espino al borde de la pradera que viene.

Adios o gracias

— “¿Supiste de Claudia, Mónica, Sandra [escoge una]?” me preguntó mi amiga.
— “No, nada desde el año del ñauca” repliqué indolente.
— “Se suicidó unos pocos días atrás. Saltó al vacío, apretó el gatillo, usó el horno [escoge uno]” me informa mi interlocutora.

“Qué pena, qué sorpresa, qué extraño” respondo en turnos. ¿Cómo entender lo incomprensible con tan poca información en nuestras manos? Sola en New York, sola en Santiago, sola en algún pueblo innombrable. ¿Quién hubiera apostado contra sus vidas? “Era alegre, amistosa, retraída [escoge uno]”.

¿Están? ¿Sí? ¿Dónde? y las recuerdo desde 1976 en adelante. Claudia era mayor que yo, las otras menores; todas marcan (o marcaron) etapas, lugares, momentos. Y no encuentro cómo terminar este texto, porque no sé que les diría. Adios o gracias.

Cumpleaños arbóreo

Cada año es lo mismo, mi mundo circunnavega océanos de números, imágenes espectrales, ultrasonidos, componentes de varianza varios, mirando a los árboles de manera multivariada. Llega un momento en que tanto número y abstracción requiere una pausa, un vínculo (aunque sea tenue) a la motivación original.

La magia de los árboles es una de las pocas constantes en mi memoria y genera ese vínculo primordial. Recuerdo un bosque de raulíes grandes, formando una catedral acogedora—de esas sin pederastas y pedófilos—con columnas que podrían sostener un universo paralelo. En serio, así de grandes eran los árboles y el bosque se extendía hasta donde alcanzaba mi mirada de veinte años atrás.

Esos bosques, por motivos meramente técnicos, tienen que estar al sur, siempre un poco más allá de nuestro alcance. Si los tocamos se mueven más allá. Y así de a poco llegamos a cuarenta y tres y medio latitud sur y los malditos árboles se ríen, con más ganas que de costumbre, y pasan a estar a cuarenta y cuatro latitud sur. Los árboles hablan con susurros y me preguntan “¿nos entiendes mejor?” y les contesto agotado “entiendo mejor algunas partes pero tengo más preguntas que al comienzo”. Con un ataque de risa los árboles me recuerdan la frase de John Archibald Wheeler:

Vivimos en una isla rodeados por un mar de ignorancia. Cuando nuestra isla de conocimiento crece, así también lo hace nuestra costa de ignorancia.

Estos árboles parecen ser medio Budistas Zen; por lo menos no me contaron la historia del sonido de una mano aplaudiendo. Esa es la contradicción constante de investigar: cada año sé acerca de más cosas que no sé y me queda la duda de cómo va a terminar la historia. Mi sospecha es que voy a seguir colectando miradas desde diferentes perspectivas y cuando llegue el momento—esto es el momento mágico en que las hojas de los árboles se encuentren en la conjunción apropiada—voy a entenderlos. Y voy a reir con los árboles y me voy a cambiar de tema, porque hay que saber retirarse mientras uno va ganando.

e-hyper

En un milisegundo más:

Hyper-tenso.

Hyper cansado.

Hyper-enarbolado.

Hyper-enajenado.

Hyper-descuidado.

Viejo a medio camino.

A un cuarto de camino.

A un octavo de camino.

Al final del camino.

Se te acabó el camino.

Hyper-al final.

Hyper-espacio-temporal.

La luna

Saber del hiperespaccio y de ondas electromagnéticas que avanzan me da lo mismo.

Hoy es tiempo para la luna.

Para esa vieja blanca con manchas a meteoritos distraiidos.

Para esa esclava atrapada a cadenas de atracción gravitacional.

Nada sabe mejor que una luna extra-L junto a un vino helado por el tiempo.

Suena el teléfono y me dices:

Ya es el tiempo de mirar la luna.

Desde el antiguo bosques, con tus binoculares eléctricos la persegirás hasta el borde del filmamento.

Hoy es tiempo para esa espía delirante.

Y todo en el planeta cambiará de giro a otro eterno centro.

Chicharras

Estas últimas dos semanas el espacio sonoro se ha visto invadido por chicharras, a veces ensordecedoras, a veces suavemente enfatizando el silencio. Eso y la humedad a la cual no estoy acostumbrado. ¡Es cuarenta y tres grados y medio latitud sur!

¿Cómo te explico? A la altura de Guaitecas, pero en el medio de la nada. Puedo viajar hacia el oeste por miles de kilómetros sobre agua, pasar por bajo Australia, bajo Asia, bajo Africa y no tener dónde parar (excepto agua). Por alguna razón que aún no entiendo, esa distancia me produce relajación. Pero la mayor parte del tiempo no existe la combinación precisa de temperatura y humedad de chicharras. Puedo viajar hacia el este por miles de kilómetros sobre agua y no tener dónde parar hasta llegar a Guaitecas.

A veces me da susto tanta distancia y me sorprende ver chicharras. Otras veces me fascina tanta agua: ¿de dónde viene, qué va a pasar con ella? ¿Hay algo especial en esta cruz gigantesca de paralelo y meridiano o es un mero accidente lleno de chicharras?

La respuesta es, las respuestas son [se interrumpió la conexión].

Intersección del paisaje

Un tren corre rápido a estrellarse en lo profundo del paisaje del sur.

Como un cometa que cae sobre un planeta, pero que en realidad gira anudado a un costado del sol.

Un giroscopio electrónico ayuda a mantener la ruta a los albatros cibernéticos. Han cambiado sus antiguas brújulas por excéntricos sistemas glonas, magellans o galileos de localización.

– Se pierde el humo de las fumarolas conocidas con el de las industrias y panaderías a carbón.

– Se desviven los fanáticos ecologistas en refundir viejos televisores y botellas plásticas en bosques a elevaciones soberbias.

La intersección del paisaje, llega en una declinación del día hacia un nuevo orden dado por la noche.

Contracción del paisaje

Un tren corre rápido a estrellarse en lo profundo del paisaje del sur.

Como un cometa que cae sobre un planeta, pero que en realidad gira anudado a un costado del sol.

Un giroscopio electrónico ayuda a mantener la ruta a los albatros cibernéticos. Han cambiado sus antiguas brújulas por excéntricos sistemas glonas, magellans o galileos de localización.

– Se pierde el humo de las fumarolas conocidas con el de las industrias y panaderías a carbón.

– Se desviven los fanáticos ecologistas en refundir viejos televisores y botellas plásticas en bosques a elevaciones soberbias.

La intersección del paisaje, llega en una declinación del día hacia un nuevo orden dado por la noche.

Page 7 of 18

Powered by WordPress & Theme by Anders Norén