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La calabaza esférica

En un ir y venir de mascarillas de colores, oscuras o de figuras irreconocibles nos movemos hoy sutiles no presentes.

Como los aplausos al ritmo de una agradable melodía de Jazz o Soul antiguo, si, muy antiguo como las calles donde nos perdimos en nuestro viaje a New Orleans.

¿Te recuerdas de Orleans y de cuando me decías que era aquí donde engendrariamos el ritmo del próximo milenio?

Las miradas sin sonrisas hacen que tus ojos se vuelvan más importantes que los mismos cinco sentidos. Ahora hablas por medio de ellos como en una conversación a la salida de un bar.

Vivimos bajo este ritmo que nos salva de lo que ya no solo pasa afuera, sino que ocurre expandido por todos los muros de nuestra pieza. Nueva vida que ocurre a la velocidad de periódicos en una imprenta.

Sabor a pimienta degustamos en las esquinas y solo por los ojos saludamos, aprobamos el pedido de la feria o reclamamos por el último discurso del presidente.

En New Orleans no me importa mucho como estoy vestido o si mi vieja camisa a lineas azules y cuello gastado anda bien con el color de mis pantalones a notas musicales.

8 pm de una tarde de Mardi Gras que oscurece un poco más lento. Vuelvo a mi refugio rápidamente ya que debo celebrar el día 153 desde cuando comenzamos a vivir esta cuarentena.

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