Vienes tarde otra vez, como tren de carga

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LIDAR

Cuando chico me gustaban los mapas. Ese atlas importado que tenía detalles improbables, mostrando incluso el nombre de ese pueblo al lado de Madison, Wisconsin. O esa guía que detallaba todas las paradas entre Nueva Imperial y Traiguén, cubiertas por un bus rural solitario.

Pero la escala era inconvincente: todo comprimido y reducido como en una olla a presión. ¿Dónde estaba la magnificencia Borgesiana, el mapa 1:1 (uno a uno) que replicaba el mundo externo? Pasé años sopesando malhumorado las restricciones del papel y la imprenta y los corchetes. Hasta que apareció LIDAR*.

Instrucciones: 1. Consiga un avión. 2. Consiga un puntero láser poderoso y un cronómetro de precisión. 3. Vuele alrededor disparando el puntero láser hacia abajo, midiendo cuánto se demora en rebotar la luz de vuelta. 4. Convierta esos tiempos en distancias y produzca un mapa.

Aparecen los árboles, las casas, las zanjas, y el lugar para los asados en el fondo del patio. Aparecen el rehue sagrado, el bar clandestino de la esquina y los cactuses que montan guardia en el cerro de más allá, donde desaparecieron los compañeros en los 1970s. Aparecen los restos arqueológicos tragados por la selva, las memorias de los muertos y el basurero municipal con sus pájaros carroñeros.

Un mapa enorme hecho de luz y tiempo.

Cuando grande me gustan los mapas.

*LIght Detection And Ranging.

Héroes

Todos tenemos héroes. Algunos con capas, otros con guitarras eléctricas, y los auténticos y esenciales que rescataron gente y arte en tiempos oscuros.

Diplomacia de verdad

¿A quién?

¿A quién se le ocurrió poner Esperanza paralela a Libertad?

Esperanza paralela a Libertad en Google Maps.

Esperanza paralela a Libertad en Google Maps.

A los márgenes de la cultura

Camino en un día tibio, que enerva a los habitantes de la ciudad laica por excelencia. “¿Cómo no tuvimos este tiempo durante las vacaciones y nos estamos cocinando de vuelta en la oficina?” piensan los oficinistas anónimos aplanando las veredas. Las vitrinas ofrecen dulces de Algeria, trajes de Kenia y burqas y niqabs de múltiples países de influencia arábica. Me siento cómodo en los márgenes e intersecciones de ciudad y cultura.

Mis hermanos negros y hermanas musulmanas flotan apurados subiendo cortinas metálicas cubiertas de graffiti. Avisos de Coca Cola pululan entre tarjetas que prometen conectarnos con alguna ciudad medio olvidada del norte de Africa—¿o sería Medio Oriente? (de esas que ocupan a lo más un párrafo en Lonely Planet pero que son el hogar de un millón de humanos).

Compré un pase de esos “panzada de museo”: todo lo que puede comer en materia de museos por cinco días. Y los cuadros, las estatuas, las momias robadas en campañas de guerra saltaban de las paredes. La cultura oficial es resguardada por los museos de caras blancas; la cultura viva supuraba de las esquinas de inmigrantes ilegales, de puestos con cachureos, de mestizos, mulatos, latinos y afros.

Choque de culturas, Babylon 5 en el medio de Paris. El extremismo conservador tiene repugnancia a la mezcla, a la posibilidad de tener amigos, novias, hijos sin la pureza apropiada. ¿Que diría Dios si pudiera hablar sin intermediarios? Quizás se mataría de la risa, dando cientos de caras diferentes a los fieles correspondientes. O quizás serían muchos dioses llenando un estadio de variaciones religiosas. O, tal vez, nadie o nada reiría porque no existe la entidad en cuestión.

Mientras tanto las escenas se repiten en Beirut, donde gente camina tomada de la mano—entre los mismos avisos de Coca Cola y tarjetas de llamadas baratos a las mismas ciudades olvidadas en el norte de Africa. Mis hermanos y hermanas siguen flotando apuradas creando cultura. Mezclando idiomas y comidas y riéndose de los mismos problemas, con los mismos oficinistas (con otra ropa) aplanando las veredas quejándose del calor.

La cultura nueva, mezclada y sabrosa la creamos a los márgenes de la cultura oficial de los museos. Cuando abrimos las mentes y nos reímos con nuestros hermanos negros y hermanas musulmanas.

(Este texto fue parcialmente escrito en septiembre de 2014, en el 11e arrondissement de Paris)

Mundos problema en el Centre Georges Pompidou.

Mundos problema en el Centre Georges Pompidou.

Así con la muerte

La muerte es un impresionante misterio

sobre la cual puedo buscar evidencias

solamente desde los espacios vivos.

La muerte es una contradición perpetua

detiene el rumbo de los días

acelerando el cambio de las estaciones.

Nada sabremos sobre ella

salvo que talves es una puerta

Hacia un espacio ya conocido.

Fonda y circo

Pan: las fondas son nuestra Roma de bacanales, tomar y comer hasta reventar, olvidar por un momento lo efímero y lo eterno, olvidarlo todo por un anticucho. Danzas rituales, cumbias explosivas ahogando toda competencia, porque tocamos nuestros dioses bailando cumbia con un anticucho en la mano y un vaso de pipeño en la otra.

Circo: Don Francisco jugando Pong, Martín Vargas sacándole (¿o fue sacándose?) la cresta a combos, el ñato chileno que más se parecía a Charles Bronson, el Tiburón Contreras engrasado para sobrevivir sus hipotérmicas aventuras. Las bacanales de septiembre interrumpidas por un camión desbocado, aplastando comensales; pero fue una fonda nomás.

De ahí seguimos celebrando con pan y circo tapando el horror, fondas de la Asunción, fondas de la confesión, fondas de la absolución colectiva, fondas de revelación cuma, versión sudaca de Roma licensiosa. Fondas del olvido.

Igualito.

Antes de salir de aquí

Me dijiste veo que todo está cambiando más rápido de lo previsto.

Estábamos solos en ese espacio de nuevas ideologías, dogmas y preceptos refractarios.

Giro colgado a luminarias positivistas.

No se caminar con el verbo y ni con el cálculo
no se caminar con la sintonía de lo que está pasando afuera
no se caminar bajo nubes sin un para-rayos tornasol.

Solo quedémonos en silencio durante este momento
y miremos con el agua transparenta nuestros pies en el río
y nos obliga a bajarnos de los árboles amarrados al paisaje.

Vale la pena este momento
donde el agua sigue mojando este cuadrado de ciudad
donde lo que vive moja el aire y lo transforma en tormenta conocida.

Antes de salir de aquí
me dijiste: ponle llave a nuestra puerta,
y que el aire cuide los recuerdos que todavía flota fresco.

Añoro

Añoro un paisaje diferente
un espacio sin isotropias y cálculos relevantes
como un vuelo de pájaro perfecto sobre el mar.

Añoro un tiempo contradictorio
sin presente ni pasado
solo construido de destellos luminosos.

Veo hacia el sol y miro la salida de miles de fotones polvorientos
que traen entre sus siluetas el pasado del universo,
donde fue que comenzamos esta historia.

Afuera, el agua cae con cargo a la conciencia de este momento inconcluso y relevante.

Espacio finito de máquinas a vapor en el horizonte:

Al futuro, al posterior futuro, al más halla futuro

donde añoro que vuelvas a decirme,

respira tranquilo tranquilo nuevamente.

El descanso

A la entrada de los sueños esta el descanso.

Como una boca que se transforma en un largo beso casual e inesperado.

Solo los dioses lo saben:

Es el descanso Ecuatorial que llega  a los pies desde las aguas de un mar en invierno aumentado

Vienen entonces los sueños que se posan sobre mis hombros  a espacios milenarios.

A la distancia máxima

Entre las hoja y el sol, solo existe una mirada.

Como un desierto que se cree bosque, como un bosque que quisiera volver a ser desierto.

Nada más extenso, nada más simple.

Solo una miranda.

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